
Autor resiliente que superó la dislexia y la convirtió en una relación única con las palabras. Escribe fantasía y poesía usando sus cicatrices como tinta; su obra principal nació tras cumplir los cuarenta.
Ángel Pérez Torrescusa nació en Extremadura y se crio en el País Vasco. Actualmente escribe desde Castro Urdiales, donde el mar y las rocas acompañan sus reflexiones. Su vida ha estado marcada por duras experiencias y por el desafío de la dislexia, que lejos de detenerlo se transformó en una fortaleza para forjar una relación única con las palabras.
Para Torrescusa, escribir es un acto de «alquimia personal». No glorifica el sufrimiento ni borra sus marcas: escribe con tinta de cicatrices, usando el dolor y las batallas íntimas como materia prima. Sus textos ofrecen brasas para que el lector ilumine sus propias sombras.
Se describe a sí mismo como un superviviente. Tras sufrir traiciones, adoptó una postura sanadora: «Memoria tengo; odio, nunca». Esa sanación le enseñó a no mirar atrás, descubriendo que su verdadera vida comenzó después de los cuarenta.
Escribo porque hay heridas que necesitan convertirse en tinta.