A.P. Torrescusa

Combustión · El amor del Fénix

Manifiesto del que se atrevió a saltar

Pega un portazo —que retumbe como trueno en el hueso—, no mires atrás: la nostalgia es sal que petrifica. El cambio no pide permiso, solo un puñado de voluntad y el coraje de arañar el miedo. Asómate al abismo: ese cañón que la vida excavó en tu pecho. Salta, y en la caída descubrirás que los vacíos son copas esperando ser llenadas de vino nuevo. No dejes que te vistan con disfraces ajenos: sé incendio, no ceniza. Corre. No queda tiempo para mapas ni dudas: la vida se escapa entre los dedos como arena de playas prohibidas. Corre. Aunque el pasado grite tras de ti, aunque las heridas sangren: nunca es tarde para reinventar la piel. Corre. Agota las fuerzas en esta carrera donde el sudor borra fantasmas. Mejor morir jadeando de libertad que vivir ahogado en "quizás". Hay un mundo ahí afuera con brazos abiertos de sol naciente, bocas sedientas que beben auroras, y colinas de placer —montañas que nadie escaló—. Abandona la razón en la orilla: ella es jaula de números viejos. Deja que el corazón —mariposa ebria de viento— vuele hacia lo prohibido. ¿Lastre? Quémalo. Solo aligerado de cicatrices descubrirás el vértigo de vivir sin redes ni fronteras.

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Para alguien concreto

¿Este poema es para alguien?

Se lo mando con su nombre escrito a mano en la primera página. 173 páginas, 72 poemas: tapa blanda 14,00 €, tapa dura 23,00 €.